lunes, 5 de octubre de 2009

Toma en el Colegio Nacional Buenos Aires

¡ARRIBA LOS QUE LUCHAN!
¡BASTA DE CASTIGOS!


En las últimas semanas se evidenciaron las prácticas autoritarias de nuestra rectora para con el resto de la comunidad educativa. En primer lugar, no autorizó que nos movilicemos en una fecha tan importante para el movimiento estudiantil secundario, como es el aniversario de la Noche de los Lápices, donde levantamos las banderas de los derechos humanos y de la educación pública. Alguien que dice defender estos ideales no puede bajo ningún concepto castigar a los estudiantes por participar de una movilización de este carácter.
Como era de prever, los espacios institucionales encargados (supuestamente) de resolver ‘democráticamente’ estos conflictos sirvieron como legitimación de las decisiones de González Gass. Esto nos demuestra una vez mas que el camino para conseguir nuestras reivindicaciones no está en los espacios institucionales que nos cede la autoridad. Somos los estudiantes organizados y en pie de lucha los que debemos arrancarles nuestros reclamos mediante la presión y la acción directa. Por ello, reunidos en una asamblea es que decidimos el único camino posible ante la intransigencia de la rectora, luego de haber agotado todas las instancias de diálogo burguesas.
Vale remarcar entonces que la toma, como medida de lucha, no es extremista, sino que es una importante herramienta con la que contamos los estudiantes organizados desde abajo. Debemos tener en cuenta que es la forma más fuerte de reclamar y conseguir reivindicaciones que pueden no ser aceptadas por las autoridades por ser contrapuestas a sus intereses. Si empezamos a dudar de ella, nuestro movimiento no tiene futuro en cuanto a conquistas de peso, como la democratización, el aumento de presupuesto u otras cuestiones sociales. Con la toma, mostramos la capacidad que tenemos los estudiantes si nos organizamos. González Gass, acorralada, se ve obligada a amenazar a docentes y estudiantes y a mentirle a nuestros padres a través de los medios de comunicación, para desprestigiarnos e intentar derrotarnos.
Sin embargo, para que la toma funcione es necesario un compromiso y una conciencia de lucha por parte de cada uno de nosotros/as. De lo contrario, sólo una pequeña porción del estudiantado termina (aunque con buenas intenciones, claro está) poniendo el lomo en la mayor parte de la lucha, en la cual defendemos los derechos que afectan al conjunto. De esta forma se corre el peligro de que la toma quede manejada y sostenida por un pequeño grupo y no por todos los involucrados en el conflicto.
Por último debemos pensar como influye e influirá esta experiencia de lucha en nuestro movimiento. Tenemos que aprovechar esta coyuntura para acumular experiencia sobre organización y así evitar repetir los mismos errores. Es importante que luego de esta toma la lucha continúe y no termine siendo un mero hecho anecdótico, sino que debe servirnos para construir a futuro un movimiento estudiantil más fuerte, combativo y organizado desde las bases.
De esta forma, contaremos con una organización de los estudiantes lo suficientemente fuerte como para pelear por nuestras reivindicaciones y nuestros derechos.
¡Que las autoridades lo piensen dos veces antes de querer pasarnos por encima!

¡ORGANIZACIÓN Y LUCHA DESDE ABAJO!
¡NINGUNA FALTA NI SANCIÓN POR SALIR A LUCHAR!
HAGAMOS VALER NUESTRA FUERZA Y
ESCUCHAR NUESTRA VOZ
MEDIANTE LA ACCIÓN DIRECTA

lunes, 28 de septiembre de 2009

¡SIGAMOS LUCHANDO POR NUESTRAS REIVINDICACIONES!

Comenzamos a transitar la recta final del año. Las luchas que hemos encarado los estudiantes universitarios en estos meses, aunque como toda lucha aportaron a la construcción y a la experiencia, han sido aisladas y esporádicas, sin una gran participación del grueso de los compañeros. Es por ello que muchas cosas no han cambiado esencialmente y que nuestras reivindicaciones continúan hoy más vigentes que nunca. De allí que debemos perseverar en la construcción del movimiento estudiantil en lucha.

Más presupuesto no sólo para que cierren las cuentas

Como primer análisis, vemos que el presupuesto universitario sigue estancado en donde lo dejaron y desde el año pasado no se aumentó más que un 9% (sin contar los 87 millones de pesos que el Consejo Interuniversitario Nacional aceptó como fondos provenientes de la explotación de La Alumbrera Ltda.). Es probable que para finalizar el año se necesite nuevamente una partida presupuestaria de emergencia como la que se recibió a fines del 2008[1]. Y este presupuesto que tenemos que exigir no sólo tendría que utilizarse en el acondicionamiento de los edificios (cuyo deterioro ya se hace insostenible en algunas facultades) y en mejores y más materiales de estudio (bibliotecas, insumos para los laboratorios y talleres, etc.), sino también para garantizar una verdadera educación pública y gratuita. Los apuntes baratos (o mejor aun, gratuitos), el boleto estudiantil, los comedores universitarios son reivindicaciones que debemos impulsar para avanzar en este sentido. Son indispensables para permitir el acceso de quienes hoy se encuentran marginados de las facultades y mejorar las condiciones de aquellos que permanecemos en la Universidad con un esfuerzo en el bolsillo, impulsando además horarios y cursadas accesibles para los que laburamos.
En tanto el Estado es enemigo central de los trabajadores, es fundamental organizarnos para arrancarle una parte de todo lo que nos roba, es decir, un aumento en el presupuesto. La lucha debe traducirse en un mayor acceso y permanencia de estudiantes de la clase trabajadora en la Universidad. En los hechos se ve que brindar educación gratuita en todos los niveles para todos y todas no es una política de ningún Estado. Por el contrario, su accionar, acorde a los intereses de la clase dominante, tiende a reforzar las desigualdades de clase en materia educativa. Por eso la educación gratuita no es algo que le pedimos al Estado sino que le arrancamos con la lucha.
Por otra parte, a la vez que pedimos el financiamiento estatal de la educación también debemos ir por que los centros de estudiantes no sean quienes parchen las fisuras presupuestarias del Estado con la administración de las fotocopiadoras, kioscos y/o bares estudiantiles. Un centro de estudiantes no debe ocuparse de mantener una estructura de servicios, sino que debe convertirse en la herramienta de lucha para combatir las políticas del Estado y el Capital, siempre contrarias a nuestros intereses. Debemos comenzar a construir un centro asambleario, de lucha y no de servicios, donde la participación no sea sólo un bonito slogan, con comisiones verdaderamente abiertas que puedan, no sólo debatir, sino decidir y ejecutar acciones concretas en todos los planos.
Pero de todas formas, por más presupuesto que consigamos tampoco podemos dejar que los que manejan los hilos del poder en la Universidad lo controlen a su antojo, asignando discrecionalmente la guita y acomodándose lo mejor que puedan en los gobiernos de las facultades y de la UBA. Debemos pelear por nuestra decisión sobre ese presupuesto, la de los estudiantes y trabajadores de la Universidad, coordinando las luchas de todos los sectores y llevándolas adelante por los que día a día sostenemos la educación pública y gratuita.

No nos queda otra que la organización

Los estudiantes en la lucha debemos darnos nuestras propias formas organizativas, ampliando la participación con base en la democracia directa y no en la delegación, con línea política definida en asambleas como máxima instancia de decisión. Así construiremos un centro de estudiantes asambleario y combativo, donde todos los compañeros puedan acercarse a participar y accionar políticamente sin intermediarios. Tenemos que acercar más compañeros a la lucha, para que la misma crezca, así como deben crecer las instancias de participación y decisión de los estudiantes como las asambleas y comisiones. El camino comienza discutiendo en cada curso y en cada aula para ir avanzando en nuestras reivindicaciones.
Hacemos la crítica a la propuesta de abrir el centro cuando se continúa participando en el sistema de delegación. De esta manera, el poder de decisión lo continúan teniendo las pocas agrupaciones que ganan en las elecciones la comisión directiva de los centros de estudiantes, con el agravante de tener que compartir estas instancias con estudiantes burgueses que representan intereses claramente opuestos a la lucha. El centro de estudiantes debe definir sus políticas y reivindicaciones en la asamblea de estudiantes, sin que éstas deban ser legitimadas en instancias en las que estudiantes que no estén a favor de la lucha deciden sobre estas políticas.
Nuestro objetivo tiene que ser el de construir una forma de organización que permita la creación de un movimiento estudiantil fuerte, inmerso en la lucha e identificado con los explotados y oprimidos. Proponemos que la organización de los estudiantes funcione a través de asambleas periódicas resolutivas, sabemos que en esta época es difícil hacer funcionar un espacio de estas características. Pero la única manera de revertir esto, no es profundizar la actual organización del centro, sino acercar cada vez más estudiantes al debate, discutiendo en los cursos y con nuestros compañeros. Creemos que se camina en sentido contrario cuando se profundiza la falencia de espacios de discusión y decisión por la falta de coordinación y solidaridad entre los distintos agrupamientos. De igual manera es contraproducente la forma en que se paraliza la lucha cuando llega la época de elecciones para centros de estudiantes e instancias de cogobierno. Por ejemplo, la mayoría de las organizaciones estudiantiles priorizaron realizar sus campañas electorales en las distintas facultades en lugar de las movilizaciones por La Noche de los Lápices (16/09/2009) y Julio López (18/09/2009), de las cuales no participaron.
La asamblea es la herramienta fundamental que debemos impulsar ya que a la vez que permite ampliar el reclamo a través de la participación de todos los estudiantes en lucha, también es la instancia donde se discuten y resuelven los planes de lucha que serán llevados a cabo por los mismos estudiantes involucrados, comprometidos en la pelea por más presupuesto, por educación gratuita, por el rechazo a la LES y la CONEAU, etc. Las comisiones complementan el crecimiento cualitativo de las discusiones permitiendo espacios de debate y decisión sobre temas particulares, mandatadas por la asamblea y cuyo trabajo debe emanar y volver a la misma. En estos espacios de participación política que permiten no sólo debatir, sino decidir y resolver lo que vamos a llevar adelante, se pone en práctica la acción directa y concreta de todos y todas para pelear y conseguir lo que queremos.
En estos momentos de reflujo y poca participación del movimiento estudiantil no debemos desanimarnos, debemos seguir en el camino de construir organización y avanzar en nuestros reclamos; apostando por el crecimiento de asambleas y comisiones que, en lugar de plebiscitar consignas elaboradas entre unos pocos, funcionen como espacios de acumulación política, donde además podamos discutir cuál es la forma organizativa que debemos darnos los estudiantes. Creemos que es la única manera de que los estudiantes y trabajadores logremos arrancarle a los de arriba todo por lo que estamos luchando.




¡Por una organización estudiantil asamblearia y de lucha!
¡Construyamos un movimiento estudiantil combativo!
¡Arranquémosle al Estado más presupuesto para otra educación!
Que la Universidad no le cierre las puertas a los trabajadores

domingo, 20 de septiembre de 2009

En secundarios: ¡A ORGANIZARNOS!




¿Qué movimiento estudiantil secundario queremos?

Esa es la pregunta que hay que plantearse para continuar llevando adelante su construcción y las diferentes luchas. Los centros de estudiantes no deben ser sólo un organismo para llevar adelante reivindicaciones parciales de cada espacio de base (si bien es necesaria esa función). Tienen que ser un elemento más de coordinación entre los miembros de la clase trabajadora para enfrentarse al Estado y el Capital. Tienen que ser la herramienta para que los estudiantes, con una conciencia de clase favorable a los oprimidos y explotados, intervengan en la lucha de clases trabajando codo a codo con todo el pueblo para alcanzar la revolución social.

En el movimiento estudiantil secundario actual, siempre se habla de la necesidad de la unión, la concientización y la participación de las bases. Pero la propia estructura que tiene el mismo impide que estos objetivos se cumplan concretamente. Porque utiliza para organizarse estructuras tomadas de la democracia burguesa, que van en contra de objetivos como son la lucha, la concientización, el cambio social, etc. ¿acaso la burguesía tiene esos objetivos? Es decir, se habla de generar centros de estudiantes abiertos y participativos, pero mientras tanto se siguen rigiendo por la lógica de la delegación del poder de decisión. Todos los años se elige una conducción proveniente de una pequeña porción del estudiantado integrante de alguna de las agrupaciones. Una vez terminado el período de elecciones, el grueso de los estudiantes se desliga de la lucha y de sus responsabilidades en la misma. Se deja en manos de ‘los del centro’ el poder de decidir para qué, cómo y por qué se dará una lucha. De esta forma, es muy difícil generar un verdadero interés y una conciencia de lucha suficientes como para fortalecer nuestro movimiento. Sólo una organización horizontal, asamblearia y basada en la democracia directa puede alcanzar ese objetivo y formar un movimiento fuerte, revolucionario y de izquierda.

Como método de autoorganización igualitario de las bases, proponemos la asamblea general como máximo órgano de toma de decisiones y lineamiento político. Cada persona comprometida con la lucha tiene en sus manos la capacidad de decidir lo que cree mejor para su espacio. Sabemos que es un tipo organizativo que requiere un gran esfuerzo de parte de sus integrantes para hacerlo funcionar. Pero también sabemos que es posible, siempre y cuando nos comprometamos a hacerlo funcionar. Este método organizativo no es nuevo, la asamblea ha sido y será siempre la herramienta organizativa de todos los trabajadores, de los de abajo, es una herramienta propia y fue utilizada históricamente, es la democracia directa, la democracia de los que luchan, la democracia de los revolucionarios, es por esto que no debemos utilizar herramientas propias de la burguesía, como lo son las elecciones.

Tenemos que empezar a darnos cuenta que a nuestro movimiento sólo nosotros podemos armarlo y fortalecerlo, no podemos esperar a que un grupo reducido o un grupo de iluminados lo haga en nuestro lugar. Actualmente, las asambleas son utilizadas como un espacio al que se llevan propuestas y planes de lucha armados por las agrupaciones para refrendarlos entre el resto de los estudiantes, y no para que los estudiantes aprendamos a desarrollar una línea política de conjunto. En todo caso, estas agrupaciones deberían tener como objetivo dinamizar las asambleas, aportarles contenido político, para que todos y todas podamos desarrollar una línea política para la lucha. Como esto no se hace, es imposible generar conciencia y sentido de responsabilidad individual y colectiva en cada uno de nosotros. Es cierto que en una asamblea es complicado el debate entre todas las posiciones que se presenten, por el hecho de que si no sería interminable. Por eso, es necesario acercar el debate a los estudiantes, profundizar espacios de discusión de los que puedan salir propuestas y planteos concientes. También es verdad que, en presencia de una coyuntura especial, aumenta la cantidad de asambleas (dato en el cual los representantes estudiantiles se escudan para presentarse como abiertos y democratizadores). Pero eso sólo refuerza la idea de que sirva nada más como un espacio para elegir sobre la marcha qué planteo es el que va a bajar desde las agrupaciones. No existe un verdadero espacio para participar con una línea política diferente. Y crear esos espacios es nuestra tarea para esta etapa.

 

 
 
¿Qué objetivos tenemos hoy en día como movimiento?

Fundamentalmente nos enfrentamos a un Estado que día a día avanza en la privatización de la escuela pública. El presupuesto que destina a los emprendimientos educativos privados es cada vez mayor. Fijémonos si no en la cantidad de chicos que concurren hoy a esos colegios. Mientras tanto, los edificios se caen a pedazos, muchos compañeros no pueden recibir sus becas, las cosas necesarias para estudiar y para poder vivir son cada vez más caras y aumenta la deserción escolar. Es decir, se promueven todos los factores que hacen que la clase trabajadora no pueda acceder a una educación gratuita y de calidad. Lejos de reducir las diferencias de clase, como proponen algunos, las marca todavía más y logra mantener estable un sistema injusto. Tenemos que tener en cuenta entonces que la conquista de la educación pública y gratuita no es algo que nos van a regalar. Se trata de un reclamo que debemos salir a exigir y arrancar a la burguesía y a su garante, el Estado.

En base a eso, una de las mayores preocupaciones para nosotros debe ser el aumento del presupuesto para nuestros colegios y también poder decidir que hacer con ese presupuesto, porque no nos interesa luchar para que luego las autoridades hagan lo que les guste con el presupuesto. Exigimos que sea el Estado el que financie la educación, porque esto es una lucha directa contra el Estado para arrancarle las riquezas que nos ha robado desde siempre a los trabajadores. Mediante los impuestos y la propiedad privada, el Estado genera ganancias a partir de los trabajadores, al igual que la burguesía.

Sin la lucha, nos vamos a ver cercados por una institución a la cual no le importa la educación del pueblo. O si le importa, es en base a los intereses de la burocracia que lo controla. Los conocimientos que se transmiten están en función de las necesidades de la burguesía y solo esa clase tiene el derecho de decidir cómo, para qué y para quién se produce. Los estudiantes nos vemos limitados a recibir todo ese montón de información sin poder ni siquiera cuestionarla. Nos convierten en máquinas que el día de mañana puedan ayudar a mantener en pie una empresa capitalista o trabajar como funcionarios gubernamentales. Es hora de empezar a luchar por un cambio social radical que derribe todos estos patrones y estructuras y dé lugar a que nosotros como pueblo podamos empezar a tener poder de decisión sobre nuestra propia vida.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Elecciones UBA: Elijamos la lucha: ¡por la autoorganización de los estudiantes!

Como suele suceder casi regularmente todos los años hay elecciones en la UBA para centros de estudiantes, aunque este año también se votan los representantes estudiantiles para los consejos directivos y, en algunas facultades, para junta de carrera y director de carrera. Estas instancias de elecciones, si bien son todas instancias de delegación, guardan algunas diferencias, sobre todo las elecciones de centro de estudiantes con el resto ya que la primera refiere a un órgano gremial que debería ser para la lucha, y las últimas son claras instancias de poder dentro de la institucionalidad estatal y, por ende, forman parte del esquema de gobernabilidad del orden imperante. De modo que, si bien impugnamos las elecciones en ambos órdenes por reforzar la delegación y la escisión entre quiénes participan y deciden y quiénes no lo hacen, creemos necesario distinguirlas.

Los órganos de cogobierno, aunque con ligeras variaciones en su composición interna, reflejan la estructura de poder al interior de la universidad y, por ende, la presencia en los mismos implica legitimar dicho orden. Es poco probable entonces que desde allí puedan torcerse medidas a tomar o ser una tribuna donde poder instalar nuestros debates y posiciones. Por ello con respecto a este orden creemos que la política que debemos darnos quienes luchamos por la libertad e igualdad construida desde abajo ha de ser la misma que frente a los gobiernos nacionales, provinciales o locales: imponiendo por la movilización y en la práctica lo que queremos a estos estamentos, sin dicha movilización nada pueden hacer una minoría de representantes (aún suponiendo que sin grandes asambleas que los presionen cumplan al pie de la letra los mandatos de base), y si dicha movilización tiene fuerza para imponerse no tiene sentido exponerse a las tranzas y disputas que todo proceso electoral suele implicar.

El único modo de lograr la democratización de nuestros espacios es en la lucha, en las asambleas, en la militancia cotidiana en nuestros lugares de base y no en recintos cerrados en donde ni siquiera tenemos igualdad de voto. Otro debate debería ser si justamente estas instancias de representación al interior de la universidad y facultades no deben ser modificada por formas de coordinación entre los distintos actores educativos democráticas y no delegativas, pero justamente esos debates deben darse en instancias asamblearias, ya que la democratización no va a darse desde dentro de los órganos de gobierno sino por medio de la lucha.

Por otra parte, tampoco nos parece viable presentar una lista para ser la conducción del centro de estudiantes porque creemos que el movimiento estudiantil no puede ser conducido ni coordinado por ningún partido, organización estudiantil ni nada que esté escindido de su misma organización, es decir, por ninguna vanguardia. Bregamos por un centro de estudiantes asambleario, horizontal y para la lucha en donde los estudiantes- trabajadores se den sus propias medidas y las lleven a cabo ellos/as mismos/as sin la necesidad de votar ningún tipo de dirección, en coordinación con los docentes y no docentes de la universidad como así también con el resto de los estudiantes y trabajadores de la educación. El mejor modo de aportar a la construcción del movimiento estudiantil es participando en las instancias de organización que se dan en cada facultad, en cada curso, en las asambleas, compartiendo con nuestros compañeros codo a codo nuestras opiniones y avanzando en los debates. Las comisiones abiertas aportan en este sentido siempre y cuando tengan contenido político unido a la lucha y los estudiantes puedan ejercer en ellas la acción directa, coordinando en la asamblea como máxima instancia de decisión. De nada sirve “abrir” el centro mientras no se ponga en cuestión que esta decisión continúe en manos de unos pocos. Así como no se pone en cuestión el manejo de la caja de los centros, y mucho menos el origen de ese dinero en el trabajo asalariado de algunos estudiantes, los "becarios". Declarar formalmente que el centro es “abierto” no lo convierte en una estructura abierta ni democrática, en el sentido de la democracia directa y participativa.

Estas conclusiones, si bien tienen que ver con principios ideológicos, son sobre todo el fruto de experiencias concretas dentro de las facultades que habitamos. Los momentos de movilización que hemos podido compartir fueron producto de acciones colectivas y no decisiones de un grupo pequeño de militantes. Por eso es que no vemos la necesidad de gastar nuestras fuerzas, tiempo y dinero en las elecciones ni tampoco ir a votar un centro de estudiantes que nos represente, ya que tenemos que organizarnos desde abajo. La forma eleccionaria de la política solo lleva a desentendernos de los problemas cotidianos y estructurales que debemos enfrentar, votando a nuestros representantes para que ellos “hagan” la política. Si nosotros sólo aportáramos con ese voto, estaríamos reproduciendo una vez más el sistema en el que vivimos, delegando, dejando en manos de otros, nuestros propios problemas e intereses. De todos modos, creemos que lo esencial, más allá de lo que cada uno haga en el cuarto oscuro, es autoorganizarnos y luchar, pues de nada sirven miles votando a la izquierda si luego no se interesan por participar en la vida política de la facultad.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Cómo quieren repartir la torta en tiempos de crisis

Después de pasar un tiempo alejados de las aulas, los vaivenes de la lucha electoral y las disputas de poder entre burgueses podrían hacernos creer que volvemos a vernos las caras en otras condiciones. Sin embargo, la crisis económica continúa y la correlación de fuerzas para hacerle frente desde las bases no ha cambiado.
A pesar de la aparente meseta en que ha entrado la crisis económica internacional, en nuestro país la situación para los oprimidos y explotados sigue siendo la habitual bajo este sistema (salvo cuando la lucha desde abajo y las necesidades de ganancias de la propia burguesía permitieron transitorias reformas). Hoy, como desde hace un par de décadas, los más ricos concentran cada vez más y el resto sobrevive como puede, mientras las supuestas luchas de “modelos” se reducen a ver en que aspecto se hace más hincapié para mantener la gobernabilidad del sistema. Así se gestionan las crisis en el capitalismo. Con hambre o con palos, el sistema le hará pagar a los de abajo los males que el propio sistema genere.
Es en este contexto estructural que debemos interpretar la coyuntura. Luego del traspié en las elecciones del 28 de junio, el kirchnerismo apuntó a negociar la gestión de la crisis con los distintos sectores burgueses mediante el llamado al “dialogo”, que no podía dejar de contar con ese inestimable aliado a la hora de mantener la gobernabilidad llamado burocracia sindical. Lo cual a su vez no quitó que cada fracción buscase llevar agua para su molino. El kirchnerismo buscó recuperar terreno político mediante la aprobación de las facultades delegadas, un golpe oportunista al monopolio mediático “Grupo Clarín” (al “estatizar” los derechos de televisación del fútbol), y un proyecto de ley de arrendamientos que apuntan a dividir a la oposición campestre. El “campo” a su vez se lanza de nuevo al ruedo con sus medidas de fuerza, mientras las expresiones políticas que lo defienden no encuentran un liderazgo claro.
Mientras tanto, todos reprimen como pueden, en Capital se multiplican los desalojos para favorecer los negociados de un mercado inmobiliario que excluye a las mayorías y de paso también acabar con espacios “molestos” (Huerta Orgázmika, Centro Cultural Almagro, IMPA, etc.), a la par que se crea una policía metropolitana que, según lo reconocen los propios funcionarios PRO, tiene por misión reprimir a los de abajo. Se hace ahora explícito un viejo anhelo de la clase media fascistoide: el “liberar las calles”. La expresión “sí o sí hay que poner orden” parece formulada en un contexto donde las masas se encuentran en las calles luchando contra las injusticias del sistema; y sin embargo sólo refiere a los escasos frentes de lucha que la clase trabajadora ha podido sostener. Cualquier intento de manifestación, denuncia, resistencia, o lucha para mejorar las condiciones de vida de los oprimidos será puesta bajo una figura judicial de tipo delictiva para justificar la represión abierta.
En provincia desalojan fabricas recuperadas, caso Textil Quilmes, y gastan millones en equipar a la policía con cámaras, móviles y armas (pistolas “Beretta 2x4”, elegidas por disponer de una mayor precisión de tiro). Incluso hasta la creación de empleo viene atada a formas burdas de mantener bajo control la desigualdad, véase el plan de 100.000 empleos bajo la figura de monotributistas por 1300 pesos, que permite armar una red clientelar a la par que no cuestiona un empleo precario y mal pago que muchos expertos ponen como la causa de que, como señalamos al principio de este texto, la miseria sigue en niveles similares a los de hace 10 años.


La gestión de la miseria en la educación


Por nuestro lado, el sistema cuenta con sus propias versiones de gestionar la miseria y la exclusión en el ámbito educativo, la ya tradicional y endémica falta de presupuesto y sus incondicionales acompañantes (edificios que se caen, sueldo miserables o incluso inexistentes, etc.) no han cambiado con el último lavado de cara, el nombramiento de Alberto Sileoni como nuevo ministro de educación nacional. Ante la presión mediática de decir algo nuevo o demostrar que tiene algún tipo de iniciativa propia, a Sileoni no se le ocurrió más que sugerir un cambio de modelo secundario de aprobación por materias. Frente a las exigencias de los organismos externos, este modelo parece ser el mejor para bajar el índice de la deserción escolar, poniendo en el eje a los números estadísticos y buscando coincidir con la visión burguesa que se tiene de la escuela como cajita contenedora, y no pensando en una educación de mayor calidad para el pueblo.
El no tan flamante ministro, también refunfuñó cuando le recordaron que debería sentarse a “negociar” (suponiendo una reciprocidad de partes) con las decenas de gremios docentes. Aunque no faltan burócratas en los mismos, Sileoni hubiese deseado que la burocracia sindical fuese en el área tan sólida como en otros sectores, de modo de poder negociar más fácilmente los miserables sueldos docentes. En este sentido, parece ser que las paritarias salariales se dejarían para el verano que se aproxima.
Lo que no para de crecer en todo el país, es el financiamiento estatal de los negocios educativos privados (en Capital directamente se le saca a la educación pública lo que va a la privada) y a su vez el sometimiento del sistema educativo público por parte de empresas privadas (en este plano es paradigmático el debate sobre si las universidades nacionales deben aceptar los fondos de la contaminante minera La Alumbrera, que le corresponderían por ser las mismas, parte integrante de la unión transitoria de empresas que explota dicho yacimiento).


¿Y los de abajo qué hacemos?


Por lo visto, las soluciones a las crisis del capitalismo no vendrán de parte del Estado, ni de las burocracias sindicales. O mejor dicho, las soluciones que traigan seguirán beneficiando a la burguesía (ya sea agropecuaria, industrial, golondrina, o a los empresarios sindicales) o al partido de turno en el poder estatal (FPV en la época que nos toca). Esta crisis es un tropiezo para el capitalismo, pero como un tropiezo no es caída, este sistema no se derrumba hasta que la clase trabajadora organizada lo destruya. Es por eso que nosotros/as como estudiantes y trabajadores/as de la educación debemos organizarnos desde cada espacio de base para voltearlo.
Hoy como ayer nadie luchará por nosotros, ni “vanguardias” ni “representantes”: para ganar nuestros derechos debemos vencer la inacción y el miedo, el único derecho que tenemos los oprimidos es aquél que somos capaces de defender en la calle.



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