lunes, 15 de junio de 2009

Este 28 de junio: nuestra elección


En tiempos en que la propaganda electoral eclipsa buena parte de la realidad social, incluso dentro del campo de quienes buscamos construir una sociedad radicalmente distinta, es necesario recalcar los factores que sustentan nuestra elección de rechazar los llamados a las elecciones burguesas (este año a nivel de legisladores nacionales y provinciales pero también de representantes en el cogobierno universitario) e inclinarnos por profundizar las luchas por aquello que anhelamos.
A nivel de los partidos abiertamente burgueses y propatronales se nos insiste que las elecciones son el momento más importante de la democracia. Sí lo sonpero de la democracia burguesa, pues es el momento en que renunciamos a ser artífices de nuestras propias vidas para ceder el derecho a decidir sobre nosotros por un determinado periodo de tiempo, sin derecho a quejarnos so pena de ser unos sediciosos. Por eso es irónicamente cierta la publicidad actualmente en circulación que afirma que las elecciones son el momento que nos dan para contribuir a hacer un país mejor, exactamente, un minuto cada dos años es el tiempo en que supuestamente decidimos sobre algo.
A esto hay que sumar la absoluta naturalización que sufre dicho momento, pues ni siquiera es una elección entre programas, ya que en tiempos de la política espectacular y mediática, lo que cuenta son las características individuales y los sloganes vacíos (“Solo un hombre seguro puede dar seguridad”). Además, para ser posicionado como un candidato viable se requieren millones de dólares para campaña, que solo pueden provenir de manos burguesas. Sin contar la ignorancia y despolitización en que nos han sumido los años de representación y manejo punteril, así las encuestas muestran que muchos de los que votarían a Kirchner votarían, como segunda opción, a De Narváez y viceversa.
Pero aún si buena parte del electorado votara por los programas en disputa, todos los mayoritarios hoy en día van en contra del bienestar de las masas populares. Ya sea la denominada oposición, nucleada en torno al campo y que pregona la devaluación para favorecer a ese sector(1), o el oficialismo, actualmente alejado de la UIA(2) pero que si quisiera hacer pie en ese actor de la burguesía debería dar lugar o a una devaluación que ya ha comenzado (aunque menos acelerada que la planeada por la oposición, de modo de evitar una inmanejable conflictividad social) o subsidios a los poderosos con el dinero de los trabajadores (piénsese en los fondos del ANSES, un arreglo con el FMI o el aumento de tarifas). Otros candidatos referentes de un sector del progresismo, como podrían ser Pino Solanas o Sabatella, también representan un proyecto burgués que obviamente no cuestiona el actual orden social, entre cuyas propuestas dedicadas a gestionar la miseria se trasluce un capitalismo estatista.
Esto no quiere decir que todo sea lo mismo, un candidato que haga de la inseguridad o de los desalojos su único eje o uno que no lo haga, pero lo que queremos resaltar es que gane quien gane las “soluciones” a la crisis serán contrarias a las masas populares.

¿Regalar espacios?

Aún reconociendo lo anteriormente expresado, alguien podría considerar que aún así por distintas razones vale la pena luchar por intentar ingresar algún candidato en los recintos burgueses. Frente a ello, debemos exponer las razones por las cuales estimamos esto tiene más desventajas que ventajas para quienes buscamos un pueblo capaz de tener en sus manos los destinos de su historia.
En primer lugar, creemos que si las fuerzas de izquierda obtuvieran la cantidad de votos suficientes para ganar el gobierno, eso implicaría que hay millones que los apoyan, lo cual lleva a plantear que si esos millones quisieran una revolución autoorganizada estarían en correlación de fuerzas de hacerla directamente, y si fuesen millones y no la quisieran hacer esos millones no significarían nada para quienes queremos una revolución desde las bases y no desde arriba. Pues un proyecto revolucionario como el que propugnamos no puede ser votado en el congreso.
Y si dichas fuerzas obtuvieran pongámosle un 10% de los votos, dudamos de que pudieran hacer mucho contra todo el aparato político-ideológico burgués. Alguien dirá que sirve para propagandizar, pero no hay que ser demasiados perspicaces para darse cuenta de que las amplias masas dan poca importancia a lo que se dice en los parlamentos. Y aún en caso de que las masas recuerden algo de lo dicho en la campaña será mayoritariamente la cara de algún repetido candidato de turno y no su propuesta programática por más bien intencionada que esta sea. Por lo cual una herramienta de este tipo es superflua a nuestros fines revolucionarios.
En segundo lugar, las campañas electorales por poder colocar un par de representantes implican un despilfarro de fuerzas por partes de las fuerzas revolucionarias que no se condice con lo que se obtiene. Nos parece mucho más fructífero destinar toda esa maquinaría electoral (que en realidad a veces son compañeros que anhelan una revolución y podrían estar militando por ella) a la propaganda de nuestras ideas y prácticas en los diversos ámbitos que componen la vida de las masas.
Y lo que es peor, en nombre de no ceder espacios se pregona a las mismas que votar sirve para algo, se les da esperanzas justamente en aquello de lo cual no tienen que esperar nada y que deben despreciar pues lo que debemos promover es la concepción de que todos sus logros dependen de su propia autoorganización y acción directa.
Creemos que las conquistas se obtienen por la movilización y no por tener 3 diputados o 3 consejeros, lo cual no quiere decir que desconozcamos la presencia de dichas instancias y sus efectos en nuestras vidas, pero nos parece que el modo de generar confianza en las masas en si mismas es mediante una autoorganización que mediante la movilización imponga a esos órganos sus reclamos.
En vez de, por ejemplo, las distintas fuerzas se lancen diatribas con el fin de conquistar 3 votos más que la otra en una elección municipal (o incluso caer en la agenda burguesa organizando charlas sobre inseguridad para captar algún voto más), por qué no dedicar esas fuerzas para obligar a los municipios a dar una parte de lo que nos corresponde.
Si bien queremos leyes lo menos opresivas posibles, nuestro objetivo es la vida sin Estado, por eso, preferimos presionar sobre el vigente antes de irnos convirtiéndonos nosotros mismos en aprendices de burócratas. Nos servimos de las libertades democráticas, pero de las progresivas, no de las directamente contrarias a nuestros intereses, pues votar representantes es renunciar a actuar por si mismo, y nosotros queremos que el pueblo se acostumbre a actuar por si mismo (ya sea directamente si las condiciones lo permiten, o por delegados rotativos, mandatados y revocables).
De este modo es más probable que obtengamos nuestras demandas, y a la par por la práctica acostumbrarnos a despreciar la delegación y a tomar los asuntos en nuestras manos, garantía contra futuras desviaciones burocráticas propias y contra el avance de la reacción.
Las libertades se obtienen cuando el pueblo se muestra decidido a conseguirlas; y duran mientras los gobiernos temen la acción del pueblo en caso de suprimirlas.
Que las elecciones no representan un avance de la conciencia de las masas lo muestran fácilmente las elecciones de algunos centros de estudiantes, donde miles votan a la izquierda, pero después no se los ve participando en las diferentes instancias de participación estudiantil, total ellos ya hicieron su aporte. Y a su vez, incluso muchos militantes que participan en las luchas abandonan temporalmente las mismas en la época de carrera electoral. Así, las luchas concretas sufren deserciones por ambos lados.
En vez de las elecciones, escuela de servilismo, pasividad, intrigas y mentiras, vayamos por la autoorganización, escuela de socialismo.
En tercer lugar, debemos señalar que la propia burguesía conoce las virtudes desmovilizadoras de las elecciones, por eso cuando se ve en peligro llama a las mismas (Argentina en el 73', De Gaulle en Junio del 68', etc.), pero aún si estas no desmovilizan no tendrá problemas en abolirlas (caso Allende, en que el pueblo no estaba lo suficientemente organizado para resistir la inevitable reacción, si bien hubo tendencias como los cordones industriales).
En cuarto lugar, algunos sinceramente apostaran a la construcción de autoorganización y aún así disentirán con nosotros, pero otros esconden, detrás de la critica de que renunciamos a la política, lo que son objetivos y estrategias políticas disímiles. Para quien cree que el socialismo puede y debe imponerse desde arriba, lógicamente, le parecerá que siendo el pueblo incapaz de gobernarse a si mismo que el mismo lo vote será una expresión de su gran conciencia, a la vez que servirá para acumular para su partido. Para quien cree que el socialismo vendrá de la aniquilación del Capital y el Estado por la autoorganización de las masas, su lucha política pasará por hacer que el pueblo desprecie y rechace a quien quiera gobernarlo y se organice por si mismo, para ello habrá que abrir espacios de debate y acción que lleven a una conciencia revolucionaria en ese sentido.

Este año

Por último, volviendo al momento actual, creemos que, siendo que en los próximos meses veremos la ofensiva del capital para hacer pagar la crisis a los oprimidos y explotados, a través de los programas de las distintas fracciones burguesas, es fundamental en vez de desperdiciar nuestras fuerzas en la lucha electoral seguir organizándonos para resistir.


Por ello, aunque propugnamos el no voto, la impugnación, anulación o el voto en blanco, creemos que lo esencial más allá de lo que cada uno haga en el cuarto oscuro, es autoorganizarnos y luchar, pues de nada sirven millones votando a la izquierda si no están en la calle, así como de nada sirven millones rechazando las elecciones si no están en las calles.

(1) El único punto que realmente distancia a los candidatos del “progresismo” K y la oposición de derecha, en planes más o menos “programáticos” es la política respecto al sector agropecuario, que fue la primer discrepancia burguesa seria a la que se vio enfrentado el modelo kirchnerista el año pasado. Por ejemplo, la plataforma de De Narváez incluye una holgada cantidad de puntos en este aspecto. El Acuerdo Cívico y Social, en Capital (dónde están sólo la UCR y la CC, ya que el PS se distanció de la candidatura del ex banquero de la JP Morgan y del Banco Central, Alfonso Prat Gay), posee una “plataforma” que también incluye ese punto. Unión-Pro mismo ha metido en sus filas a gente del campo mientras que el Acuerdo Cívico y Social ha prometido levantar los reclamos del campo. Específicamente, por ejemplo, Ulises Forte, vicepresidente de FAA (Federación Agraria Argentina), es candidato a senador en La Pampa por la UCR. El vicepresidente de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas), Ricardo Buryale, es candidato a diputado nacional por la UCR de Formosa. El vicepresidente de CARBAP (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa), Jorge Srodek, integra la lista de Unión-Pro.

(2) Lejos quedaron los tiempos en que los empresarios de los grupos más concentrados de la economía se sacaban fotos con los gobernantes kirchneristas. Desde hace meses, viene desarrollándose un conflicto entre la UIA y el Poder Ejecutivo Nacional, más específicamente entre esos grupos concentrados, que son los que actualmente comandan la UIA (en detrimento del grupo de pequeños y medianos empresarios, más cercanos al gobierno). Este conflicto ha tenido expresión en las discrepancias respecto al nivel de caída de la actividad industrial, a las ART, los subsidios a las exportaciones, etc. que ha llegado a su clímax en el altercado con Techint. De hecho, en los últimos días algunos medios han señalado que estos grupos están dando un apoyo cada vez más explícito a los candidatos del peronismo disidente y del PRO.
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