lunes, 14 de diciembre de 2009

¿Por qué impedir la Asamblea Universitaria?


Este Lunes 14 de Diciembre nos hemos dado cita en las puertas del Congreso a fin de impedir que sesione la antidemocrática Asamblea Universitaria, que tenía como fin votar al nuevo rector de la UBA. Como era de esperarse, los intereses de los que hoy manejan a su antojo la Universidad fueron defendidos por la Policía Federal y el Gobierno. Así, los estudiantes unidos en el repudio fuimos reprimidos con gases lacrimógenos, tanques hidrantes y balas de goma mientras adentro del recinto la Asamblea en unos pocos minutos reelegía a Hallú como rector y daba por finalizada la sesión.

Frente a las posiciones de otras agrupaciones también presentes que centran su análisis sobre la democratización en modificaciones porcentuales de la representación de los claustros, como así aquellas que critican el carácter puramente negativo de la acción de impedir y bloquear dicha Asamblea, creemos necesario clarificar nuestra posición.

No consideramos que la acción de impedir la elección de rectores, decanos, directores en si misma (aún si se lograse prolongar por varios meses) suponga un daño al funcionamiento burocrático de la Universidad, sino que vemos en ella una forma de expresar nuestro repudio a todo tipo de representación y delegación. Situación agravada en este caso por el hecho de sesionar en el Congreso de la Nación, con custodia y represión policial y en vacaciones, obviando los mecanismos que su propia institucionalidad burguesa establece. De hecho, no se le permitió la entrada a algunos de los consejeros estudiantiles (e incluso a dos de los decanos).

Esta acción por ello es inseparable de la construcción cotidiana desde las bases. Solo a través de la lucha en la militancia diaria, en asamblea, aboliendo los claustros, podremos avanzar en la democratización. Así construiremos la fuerza con la cual imponer en la práctica a estos burócratas nuestras reivindicaciones.

De hecho, una mayor representación estudiantil por ejemplo, sin movilización de masas, tampoco aportaría a la democratización real, esto es a la constitución de un movimiento universitario consciente y en pos de un cambio revolucionario, a lo sumo aportaría al aparato político que logre hacerse de dichas bancas. Mantiene la lógica de la delegación característica de la democracia burguesa y opuesta a la subjetividad que queremos constituir.

Un verdadero proceso de democratización debe involucrar la disolución de los claustros para la constitución de órganos asamblearios de decisión por facultad/Universidad que federen a todos los sectores que trabajan y estudian desde cada aula, oficina y laboratorio. El carácter radical de esta forma de organización que propugnamos imposibilita que esto suceda fuera del marco de un proceso revolucionario, ya que para que la Universidad no se trasforme en una isla progresiva pero autista, estos órganos de decisión deben estar en permanente diálogo con todas las nuevas organizaciones que se de la clase trabajadora para autogestionar la vida social.

No obstante lo cual, esto no significa quedarnos “de brazos cruzados” a esperar que otros comiencen el cambio, ésta es una instancia más donde dar la pelea por la democratización. Debemos acompañar los reclamos por la misma, aprovechando el proceso de lucha para propagandizar, pero sin dejar de lado otras instancias y espacios que nos permiten avanzar en este sentido. Esto es comenzar a practicar, en la medida de lo posible, nuestra noción de democratización de la Universidad a través de la autogestión.

Por ello, no solo debemos repudiar esta elección de Rector, sino también de cualquier rector, consejero, decano, director, “coordinación general”, etc. elegido mediante mecanismos delegativos, y promover la acción directa en pie de igualdad y con poder de acción real de todos los integrantes de la Universidad, para tratar desde la cursada de una materia hasta el aporte de la educación superior al cambio social revolucionario.
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